7 piezas para tu primer equipo de producción musical

El primer día el problema no es elegir la pieza correcta. Es que la cadena funcione de punta a punta sin un eslabón muerto.

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Basta un micrófono que no se enciende o unos altavoces que mienten, y las otras seis piezas no sirven de nada. Por eso un equipo de pocos cientos de euros montado con criterio graba mejor que uno caro con una casilla equivocada.

Esta lista es lo que hace falta el primer día, y nada de lo que hace falta después. Ninguna pieza está aquí por ser la mejor en términos absolutos: está porque es la primera que resuelve su casilla sin pedir otra.

Esto no es una clasificación: son siete objetos distintos, cada uno para un problema distinto.

Interfaz de audio

1. Audient EVO 4

Para quién es: Quien graba una voz o un instrumento a la vez y quiere que la cadena arranque sin configurar nada.

En esta gama los dos números que cuentan son el phantom de 48 V y la monitorización directa: sin el primero un condensador no arranca, sin la segunda se canta sobre el propio retardo. Todo lo demás son detalles que el primer día no se oyen.

Además ajusta la ganancia sola: se canta o se toca unos segundos y la interfaz elige el nivel. Parece una función para principiantes, y por eso mismo está aquí: el nivel equivocado es el error que estropea más primeras grabaciones.

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Micrófono de condensador

2. Audio-Technica AT2020

Para quién es: La primera voz que se puede volver a escuchar sin vergüenza, en una sala al menos algo suavizada con cortinas, una alfombra y un armario abierto.

Es el condensador que aparece en todas las listas desde hace diez años, y aguanta por una razón práctica: es lo bastante sensible para que una voz suene natural, y no tanto como para que la sala se convierta en la protagonista de la grabación.

Si la sala es viva y está desnuda, la pieza correcta aquí no es un micrófono más sensible sino uno dinámico, que capta menos alrededor. Vale la pena probarlo antes de gastar: una manta colgada detrás del micrófono y una alfombra bastan para entender cuánto está costando la sala.

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Auriculares cerrados

3. Audio-Technica ATH-M20x

Para quién es: Grabar con la base en los oídos sin que acabe dentro de la toma.

Cerrados para grabar, abiertos para mezclar: esta casilla es de la grabación, porque el primer día se graba. Unos auriculares abiertos dejan salir el sonido, el micrófono lo capta y la base acaba dentro de la voz, y eso ya no se quita en la mezcla.

El primer día no hacen falta auriculares de mezcla: hacen falta unos que aíslen, que sean cómodos y que sobrevivan a la caída desde la mesa.

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Monitores de escritorio

4. M-AUDIO BX3

Para quién es: La primera escucha fuera de la cabeza, sobre una mesa y a corta distancia.

Son monitores activos pequeños, pensados para estar a medio metro de quien escucha. No sustituyen a una pareja de estudio, pero resuelven el problema real del primer día: oír la mezcla fuera de los auriculares, donde las proporciones entre las partes cambian.

Van a la altura del oído y a la misma distancia de quien escucha; si no, la diferencia respecto a los altavoces del ordenador se pierde antes de poder oírla. Incluso dos libros bajo los altavoces rinden más que una mejora de equipo.

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SSD externo

5. Samsung T7

Para quién es: Quien trabaja en un portátil y se encuentra el disco interno lleno al segundo pack de sonidos.

Es la casilla que no envejece: al contrario que un ordenador, un disco no cambia de configuración cada dos meses y no hay que volver a elegirlo cuando sale la generación nueva. Ahí viven las librerías, los proyectos y las tomas, y se lleva de un equipo a otro.

Para audio lo que cuenta es que sea de estado sólido y no mecánico: un disco de platos por USB hace ruido y, en cuanto crecen las pistas, se mete en medio de la reproducción.

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Controlador MIDI

6. Arturia MiniLab 3

Para quién es: Quien escribe en el ordenador y quiere dejar de hacer clic nota a nota.

Veinticinco teclas y ocho pads ocupan poco más de treinta y cinco centímetros de mesa, que es la limitación real cuando el equipo vive en una mesa compartida.

Tocar una parte en vez de dibujarla cambia dos cosas a la vez: el tiempo que cuesta y cómo suena. La imprecisión de una mano es lo que les falta a las partes escritas con el ratón, y ninguna función de humanización la reconstruye de verdad.

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Libro

7. Home Recording for Musicians For Dummies

Para quién es: Quien acaba de montar el equipo y quiere entender qué hace cada pieza antes de comprar más.

La cadena que describe — sala, conversor, micrófono, mezcla — no se ha movido con los años: por eso un libro así sobrevive a las ediciones, mientras que el manual de un programa concreto envejece en un año.

Es la pieza que evita que las tres compras siguientes sean a ciegas.

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Escrito por mí

Linux para la Producción Musical — Quien monta este mismo equipo en Linux en vez de Windows o macOS.

Declaración: este libro lo escribí yo.

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Preguntas frecuentes

¿Hace falta una interfaz de audio o basta un micrófono USB?

Un micrófono USB graba, y para empezar vale. El límite aparece cuando se quiere un segundo micrófono, un instrumento o dos fuentes a la vez: un micrófono USB es una cadena cerrada, la interfaz es una cadena que se alarga.

¿Auriculares o monitores para empezar?

Auriculares, sin dudarlo. El primer día se graba, y con auriculares se graba en cualquier sitio y a cualquier hora. Los monitores resuelven el problema siguiente, juzgar una mezcla, y piden una sala donde se pueda subir el volumen.

¿Cuánto hay que gastar en el primer equipo?

El total importa menos que cómo está repartido. Un equipo con una interfaz modesta y un micrófono adecuado a la sala graba mejor que uno con un micrófono caro y ningún tratamiento. Primero se llenan las casillas, después se sube de gama.

¿Hay que tratar la sala antes de comprar el micrófono?

No hace falta tratamiento de verdad: hacen falta cortinas, una alfombra y un armario abierto detrás del micrófono. Son las tres cosas que quitan más reflexiones por euro gastado, y cambian la grabación más que cambiar de micrófono.

Para terminar

Siete casillas, una cadena que funciona de punta a punta. Quien las llena en orden graba desde el primer día y descubre solo dónde está su límite, que casi nunca está donde se imaginaba.

Cuando ese límite se nota, empieza el volumen 2: el salto de gama, casilla por casilla.

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